Como la vida va y viene, yo me vengo arriba y me vengo abajo.
Echo de menos esos subidones de moral que por azar golpean tu vida de cuando en cuando.
Que te ayudan a mantenerte a flote en este mar de dudas.
Ya que en mi vida no tengo espacio para mi, busco espacios inventados en cualquier parte.
Facil encuentro un agujero en el que dejarme caer, alguna que otra vez, para enterrar mis huesos.
Como ese premio al perro fiel, como ese descanso final para el que ya no esta.
Podria ser algo asi, la incineradora de sueños, ideas y pensamientos trasnochados...
El tubo de escape por el que acaban cayendo las nubes de tormenta que hay en mi.
Nubes de tormenta que se arremolinan formando huracanes que me desgarran por dentro.
Pero que se calman cuando abres la puerta y las dejas escapar, dejando tras de si un notable vacio.
Vacio que hay a mi alrededor y que por mas que lleno con carne, color y voces, no ahoga el silencio.
Silencio al que atraviesa el eco, del sonido que mas quiero, que solo se refleja y dispersa, para nada.
Este no es el primer agujero al que me arrastro, hubo otro antes, que acabaron llenos de pesar.
Pasaron de ser esos rincones donde compartir, entregar y recibir, a los lugares a los que se que no quiero mirar pese a no poder evitarlo.
Lugares que te ofrecen una sonrisa que se convierte en terribles carcajadas cuando te acercas.
Tan dificil es llegar a amar de verdad, para que de pronto lo que amas se convierta en agonia.
Aqui es donde me pregunto: si eso que es tan dificil, no lo sera por alguna razon.
Algo que naturalmente se nos ofrece, pero que se nos niega cuando lo ansiamos.
Todos tenemos sueños, unos parecidos, otros unicos.
Faciles e imposibles.
Pero yo no los recuerdo, o peor aun, los ignoro.
Pues mi memoria es prodigiosa, capaz de olvidar lo imprescindible y recordar que todo lo olvido.
Y solo me acuerdo de una cosa, que mi memoria es prodigiosa...
