Comencé finalmente a acostumbrarme al principio del resto de mi vida.
Dormir poco y fatal, descansar entre nada y menos. Trabajar entre mucho y demasiado.
No dejar de pensar y de pensar y de pensar: tengo que hacer esto, es por aquí, por allá. Tal me ha dicho cual, ahora esto, ahora lo otro. Uy, no, mañana aquello, otro día ya, si tal...
Es exactamente tal y como imaginaba el infierno: condenado a unas 10 horas de esclavitud controladas y medidas por personas aleatorias, en las que, entre atascos infinitos, coros de claxon a destiempo y desafinados, conversaciones vaporosas, prepotencia y egocentrismo, se me escapa salud física y mental.
Casi cada día al borde... del llanto, del grito ahogado... ansioso, desesperado, aguantando cada golpe, cada frenazo, cada semáforo, cada giro...
Para al final del día llegar apenas despierto en el último atasco, agotado, pero sin dejar de pensar: ahora esto, ahora lo otro, cocinar sin ganas el día que me quedan fuerzas, comer a horas indecentes, sin fuerzas, y aguantar un rato los ojos abiertos, a poder ser, y cuando no tengo cosas que hacer.
Hasta caer en un sueño torpe y plagado de sueños agónicos y pesadillas premonitorias que me agitarán durante un puñado de horas hasta que la alarma suene al alba y termine de torturar mi mente inquieta, triste o aterrada, que despierta empapada en sudor entre gemidos y dolores...
El día de la marmota, pero mal: actores pésimos y un guion deleznable, encerrado en un vehículo... qué ironía. Completamente atado a mi libertad, finalmente elegí mis cadenas.
Y elegí bien. Mucho tiene que cambiar todo para que aguante mucho más tiempo su peso.
Nada merece la pena; cada minuto que sigo dándole vueltas... el poco sentido que pudiera haber tenido la vida se evapora y se desvanece...
Si me quedara aún algún solo motivo... uno solo, quizás podría encontrarle una razón... un motivo para seguir atormentándome infinitamente de día y de noche, despierto y dormido... tan solo uno... quizás...
Una sensación de libertad... una sospecha de amor... la posibilidad de compartir... una pequeña brisa que me haga creer que hay al menos un agujero en este zulo, un diminuto rayo de luz que me haga pensar que existe algo más que un inabarcable abismo...
Vuelvo a descansar fatal y me pesa a todos los niveles.
Sueño casi cada día con lo mismo, con las mismas personas, con los mismos anhelos y arrepentimientos...



















