Pensarte cada dia, un ejercicio que practico sin querer hacerlo, sin poder evitarlo.
Pasajes fugaces de todo tipo, alegres, tristes...
Llega un punto en que te acostumbras, no le das mayor importancia, aprendes a sacar lo bueno de ello y a no dejar que afecte en nada.
Pero soñarte, soñarte me mata.
Soñarte es como lanzar un pedacito de los escombros que dejaste al vacio, en una caida infinita hacia ninguna parte.
Aunque te sueñe bien, duele en el pecho, aunque me sepa dulce en los labios revuelve el estomago al caer.
Me hundo una vez mas, regreso a algun punto en el que no soy persona, porque fuimos uno...
Me invaden todos los fantasmas que una vez alimente y vuelven todas las preguntas sin respuesta.
Puedo dar vueltas y vueltas en una cama vacia, volviendo una y otra vez a la tortura, por ansiar alguna clave, que me calme, que me mate.
Y despues no soy mas que un trapo viejo, usado para limpiar conciencias y tirado en la cuneta.
Se que he sido mal, un mal interno, un veneno lento y silencioso que solo pretendia seguir fluyendo.
Intente de veras echarle sal, cambiar el veneno por salsa y consegui un veneno dulzon, pero por algo se empieza.
Luche conmigo mismo y con mi ejercito de miedos y fantasmas, perdi demasiadas batallas, pero con cada pequeña victoria conseguia sonreir, incluso recupere las ganas de ser feliz, de reirme del mundo.
Pero una lucha en solitario...
En ese punto me ataron a mi farola, me dieron palmaditas en el lomo y senti un adios.
El mayor dolor que puedan inflingirme lo recibi alli. Sin golpes, sin palabras.
Alli se acabo nuestro:
Tu, Yo y el mundo.
Las cadenas que te atan cuando lo que eres lo tienes que enterrar en lo mas profundo son tan pesadas que puedes gastar toda una vida entera en arrastrarlas.

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