jueves, 27 de abril de 2017

El colgado

Son tiempos convulsos, pero también clarificadores, a partes iguales.
Todo lo que el viento remueve y primero nos ciega,
después deja paso a la luz y a las formas claras que tiene el mundo.
Últimamente vuelvo a darle vueltas a todo,
pero de nuevo consciente
y con todas esas apabullantes voces que fui perdiendo
y que olvide que me gobernaban.
Estoy haciendo las paces con ellas y me lo agradecen con pequeñas dosis de lucidez siempre con su parte igual de desasosiego.
Por ello he descubierto recientemente, quizás demasiado tarde,
que la cordura no es mas que un empecinamiento con la realidad,
de modo que nos engañamos continuamente para creer solamente en lo que podemos comprobar con los sentidos. Convenciendonos falsamente de lo que es real y lo que no, arbitrariamente.
Separando realidad y locura una delgada linea en la que todos hacemos de incautos funámbulistas,
oscilando tan frecuentemente que apenas reparamos en ello,
reconsiderándolo un inevitable vaivén de la circunstancia.
Cuando realmente es nuestro ser, que juega con algo mas que la realidad,
en un mar de dudas, donde la imaginación lo puede todo
y desde donde se crea originalmente todo lo que percibimos.
Así me da por pensar que la realidad no es mas que una corriente, ajena a nosotros,
que nos arrastra allá donde se le antoje, permitiéndonos participar como meros observadores,
que la transforman en lo que buenamente nos permite nuestra corta vida y torpes sentidos,
creando cuentos e historias que se funden con lo poco que somos capaces de comprender de la verdad.

El mundo se esta poniendo patas arriba y el país en el que vivo se vuelve cada vez mas reconocible,
por un hedor rancio, corrupto y peligrosamente volátil y no por el admirable carácter impreso por una pequeña variedad de culturas que en su día le dieron forma...



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