A veces totalmente opuestas, otras indistinguibles el uno del otro.
Y pese a que la experiencia sea la escritora de un libro mudo, lleno de normas, consejos y recomendaciones, nunca entenderé la diferencia.
Ni con infinitas notas en el margen, escritas en millones de colores diferentes.
Ni leyendo este libro una y otra vez aprendo a distinguir el uno del otro.
Sera por que no hace falta, por que ya se encarga el destino, el tiempo,
de recordarme una y otra vez que nunca nada es lo que parece.
Que muchas son las trampas y que no importa el camino.
Que cuanto mas empeño se le pone a algo, mas oscuro se vuelve de pronto,
cojiendo forma primero en las entrañas, con sus locuras y sandeces,
terminando por estallar junto con circunstancia, actor y guion.
Todo ese aire de esperanzas rotas y desilusiones, que siempre sopla, racheado y violento.
Que desde mi ventana admiro su belleza, escuchando apenas su silbido, casi relajante, con sus vueltas y vueltas, pero que cuando se acerca, brama y me reclama, desmantelandolo todo alrededor, cegando, ensordeciendo, agitando hasta arrancar hasta el ultimo pedazo de paz que se acomodase cerca mio.
Seguire caminando ya que no encuentro mi asiento.
Caminare solo, con mi unico compañero, retal de piel y de pelo, que es lo poco que encuentro para mi consuelo.

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