Una noche mas sin luna, una noche mas sin día, que por mas que salga el sol una y otra vez, el amanecer no existe.
El pecho late como una gran caldera, palpitante de energía, rebosante de calor, pero que sin freno ni medida parece que va a estallar.
Tanto frío hace fuera que deseo que explote, que salga fuera todo ese fuego, que me quema tanto por dentro y ansío fuera de mi.
A ratos parece exhausto, como si guardara un ultimo aliento, que de pronto exhala a trompicones tratando de arrancar de nuevo; lo consigue a duras penas y vuelve al traqueteo mortal que me ensordece, que me llena oídos y mente de un doloroso quejar.
Algo que suena aterrador, aun mas cuando reanuda su marcha atragantada entre silencio y silencio.
Un perolo de sueños, hirviendo con la ilusión, la esperanza y la alegría.
Borbotea incesante sobre un fuego cruel y desmedido.
Rebosan sus preciados ingredientes, salpican, se evaporan, se vierten.
Desesperadamente se añaden de nuevo los ingredientes, pretendiendo sustituir lo perdido, sin solucionar nada, pero alargando la agonía del guiso, que nunca llegara a ser.
En mi cocción apenas quedan ingredientes ya y lo poco que queda esta en el fondo, quemado y pegado con rabia y dolor. Ni merece la pena añadir mas nada para que todo se funda en un color negro, viscoso y humeante.
El fuego dejo de abrazar el cazo para arrancarse a latigazos intermitentes que abrasan a ratos todo lo que tocan.
En vez de ir encontrando mi lugar, mi camino, al menos algo con lo que me sienta cómodo, con lo que me identifique, en vez de algo de esto, solo encuentro desesperación, desidia, rechazo, con alguna pincelada de alegría de por medio, pero poco mas.
No alcanzo a entender nada de lo que hago, nada de lo que veo y mucho menos lo que pasa a mi alrededor.
Siempre tengo la culpa de todo, aunque no tenga nada que ver en ello, porque se supone que todo pasa por alguna razón, que de existir, debe hacerlo en un plano diferente al que suelo habitar yo mismo.
Incluso si no fuera yo el culpable, así lo siento la mayoría de las veces, me hago responsable de la ineptitud de nuestra inteligencia, del abandono de los sentimientos naturales del hombre, de la apatía de la sociedad, el rechazo que sufro...de las mentes asesinas, de los corderitos lechales a la parrilla...
Una vez mas llego a la misma conclusión, que ni quiero entender el mundo ni el mundo es capaz de entenderme a mi. Que ni yo estoy hecho para el, ni el esta hecho para mi.
Que eso tampoco significa nada y que yo concrete esa idea una y mil veces no es un avance.
Que el mundo nunca lucho ni lo hará por mi, ni por mi ni por nadie, pero que todos y cada uno de nosotros estamos aquí para luchar contra el, o quizá con el, sin un enemigo claro, pero seguros de que estamos en guerra.
Una guerra que se lucha en todos los mundos, en cada mundo dentro de cada ser y que se extiende a través de cada mirada, en las palabras, con los dedos, por el aire...
Una guerra cruel, indiferente a su causa, a su fin, utilizando sus medios que somos nosotros en un vasto e infinito universo, al que nunca le importaran las bajas, los bandos ni nada conocido.
No pertenezco a este mundo, nunca quise hacerlo, al contrario, soñé con crear uno propio, luché dentro de mi una eternidad y vi el final.
Mi mundo existe, mi mundo es real, esta ahí, yo lo conozco, lo comparto, pero nadie puede verlo.
Estoy completamente solo en el y esto no es lo que yo buscaba, quería un mundo mejor, para mi, para todo aquel que no entienda lo demás.
Así que vaya donde vaya, mi mundo, aquel, siempre estoy solo, escuchando las risas de nadie, soportando las burlas de la soledad.
Y mi mundo esta solo, duele, pero yo no quiero otra cosa, no si lo que me espera ahí fuera es lo que mis ojos vieron durante veintisiete años, no quiero oír mas lo que mis oídos han soportado todo ese tiempo, no quiero tocar mas nada que no haya deseado antes, no soporto mirar mas caras vacías.
Prefiero mi dolor en mi mundo, que al menos es mio y esta vez si, soy yo el único culpable y solo me juzgo yo.

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